APROVECHANDO LA PRESENCIA DE JESÚS
- Pastor Willian Klinger Mosquera
- 10 ago 2025
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 25 ago 2025
Mucho se dice acerca de que en la presencia del Señor hay gozo, hay libertad, ¿será que somos diligentes aprovechando la presencia de Jesús en nuestras vidas?, exploremos a través de esta enseñanza, la actitud correcta de nuestro corazón para sacar el mejor provecho a la presencia de Jesús en nuestras vidas.

Palabra (Lucas 7:36-50 RVR 1960)
36 Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa. 37 Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; 38 y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume. 39 Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora. 40 Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro. 41 Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; 42 y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más? 43 Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado. 44 Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas esta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. 45 No me diste beso; mas esta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. 46 No ungiste mi cabeza con aceite; mas esta ha ungido con perfume mis pies. 47 Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama. 48 Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados. 49 Y los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es este, que también perdona pecados? 50 Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.
A través de esta historia quisiera exponer las actitudes diametralmente opuesta de dos (2) personajes: uno que está bien identificado cuyo nombre aparece en el título del fragmento de la Escritura en varias versiones de la Biblia: Simón; por otro lado, una mujer no identificada, pero cuyo adjetivo: "Pecadora" parece tener tanta relevancia en esta historía, así como el adjetivo "Fariseo" en el caso de Simón.
¿Un buen anfitrión?
Es necesario destacar de Simón el hecho de haber tenido la iniciativa de invitar a Jesús a su casa (v 36), tarea que es digna de ser imitada por todo lector; ahora, cuando una visita te importa, haces lo humanamente posible para agradarlo, honrarlo, que se sienta cómodo en tu casa.
Invitar a Jesús con la actitud correcta sin duda nos deja muchos beneficios, en la presencia del Señor hay plenitud de gozo, paz y libertad, ¿será que Simón, experimentó todo ello?
A juzgar por las tradiciones culturales, Simón no fue un buen anfitrión porque no ofreció agua para lavar los pies de su invitado principal; pero mucho más importante que eso, y sobre todo para un fariseo que podría impresionar exteriormente, fue que Jesús pudo ver el interior del corazón de Simón cuando cavilaba poniendo en entredicho la deidad de Jesús (v 39).
¿Buena visitante?
Debido a su reputación esta mujer pecadora no habría sido invitada a la casa de un fariseo; sin embargo se las arregló para estar a los pies de Jesús; así que si la juzgaramos, su actos socialmente estarían lejos de ser aceptados; pero pudo mucho más su deseo genuino de tener una comunión íntima con Jesús.
Esta mujer ofreció sus lagrimas para lavar los pies de Jesús y sus cabellos para secarlo, sin ser la anfitriona se comportó como una, y lo mejor es que Jesús también pudo ver la intención genuina de un corazón arrepentido que se postraba a sus pies llorando por sus pecados.
Aprovechando la presencia de Jesús
Aunque no fue realmente invitada, la mujer pecadora, supo de la presencia de Jesús esa noche en casa de Simón (v 37) y quiso sacar el máximo provecho de esa visita exponiendo su corazón arrepentido a Jesús, mientras que Simón estaba tan ocupado viendo el problema de otra, que no aprovechó la presencia de Jesús para resolver los propios.
"3 ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?" - Mt 7:3
Aunque creamos no estar necesitados, ciértamente Jesús sí que conoce nuestras necesidades; en la parábola que utilizó Jesús para enseñarle al fariseo Simón; utilizó a dos deudores con distintos montos para referirse a los pecadores; sin duda alguna, la referencia al mayor de los deudores era a la mujer pecadora, y el deudor de menor monto era para referise al fariseo, ambos tenían de qué agradecer cuando sus deudas/pecados le fueron perdonados
El fariseo no aprovechó la tremenda oportunidad de tener a Jesús en su casa y reverenciarlo por el perdón de sus pecados, porque no se consideraba un hombre pecador que necesitaba el perdón de Dios.
"JAH, si mirares a los pecados, ¿Quién, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón, Para que seas reverenciado." - Salmos 130:3-4
Si juzgáramos por la actitud del resto de los invitados, es reprochable que la mayoría de ellos al final de la historia en su interior minizaran a Jesús cuestionándose: "¿quién es este, que también perdona pecados?" (v 49); pero en el caso de Simón es mucho más reprochable, porque Jesús sostuvo una conversación pública y privada al mismo tiempo con Simón, mientras le contaba la parábola (Pública), el corazón de este hombre también era ministrado revelando sus pensamientos (Privada).
Ese Jesús del cual Simón hacía poco había pensado que no era profeta porque no sabía que la mujer que le tocaba era pecadora; no solo le dio a conocer que sí sabia que esa mujer era pecadora, sino que también dejó en evidencia sus pensamientos; sin embargo no leí en la historia algún fragmento donde se dejara manifiesto el arrepentimiento del fariseo.
Conclusión
Jesús espera que toda vez que tengas oportunidad, seas sincero y expongas tu corazón a través de una comunión íntima con Él, donde se supone el reconocimiento de tus propias faltas en lugar de mirar los errores de los demás.
Un buen anfitrión es quien, desde su corazón realiza acciones que honran a Jesús.
Preguntas para reflexionar
¿Con qué personaje te sientes identificado?
¿Has dedicado tiempo en ver las faltas de los demás, en lugar de dedicar tiempo para ver las tuya?


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